A sus 82 años falleció en la capital del país uno de los 5 jugadores fundadores de la institución VINOTINTO Y ORO producto de complicaciones en su salud desde hace varios días.

Enrique Ferrari (Q.E.P.D), quien residía en Ibagué desde hace más de seis décadas, nació en Buenos Aires (Argentina), fue uno de los primeros cinco extranjeros que llegaron al Deportes Tolima, en 1955, junto con José Óscar Jamardo, Robelle, Gandulfo

El hijo de Nicolás y Filomena, creció con un balón en sus pies. Ni sus hermanos Nicolás, Tomás, Helena, María ni Angélica, tuvieron tanta pasión por la pelota. Siempre jugó de defensor central, gracias a su prestancia y fortaleza física.

Desde pibes, Enrique Ferrari y José Óscar Jamardo, siempre fueron inseparables. La amistad fue inquebrantable por más de medio siglo. El uno siempre fue la mano derecha del otro. Ninguno dio un paso sin consultárselo al otro.

Por ese espíritu aventurero que siempre lo caracterizó, dejó su patria muy joven para probarse en el mítico Nacional, de Montevideo, Uruguay. Allí permaneció durante nueve meses en compañía de Leonardo Franco, un amigo de infancia.  Como jugador se destacó por ser un central fuerte, poco técnico, buen cabeceador y recio para marcar.

Ferrari jugó en el Deportes Tolima desde 1955 hasta el 59, siendo titular inamovible durante cinco temporadas. Posteriormente, se incorporó al Cúcuta Deportivo en el sesenta. Pero no solo actuó en Colombia, sino también en el Macará de Ambato, Ecuador. La liga de ese país lo invitó a ser parte de su nómina durante seis meses, en 1961,  pero su amor por la tierra tolimense lo hizo regresar a Ibagué hasta el día de su retiro, a finales de 1964.

Como director técnico, solo estuvo una temporada en Ecuador con el Macará y posteriormente dirigió en Ibagué al colegio San Simón (por invitación del vicerrector Alfonso Viña Calderón), y a la Universidad del Tolima, donde logró pensionarse luego de veintiséis años de trabajo.

En la ciudad musical contrajo matrimonio en 1962 con Ana Deisy Valencia, con quien tuvo a Ana Lucía, su única hija. Disfrutó de sus tres nietos (Sebastián, Mateo y Tomás), en quienes hasta su último minuto de vida tuvo fincada toda su ilusión para que continúen la descendencia futbolística.

Enrique Ferrari vino a nuestro país por tres meses y completó sesenta años.  viviendo en Colombia, solo fue en una ocasión a visitar a sus familiares en Buenos Aires. Ibagué lo enamoró y aquí sembró sus raíces. Paz en su tumba.

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